El señor de la cueva

II

Pues si vemos lo presente

cómo en un punto se es ido

y acabado,

si juzgamos sabiamente,

daremos lo no venido

por pasado.

No se engañe nadie, no,

pensando que ha de durar

lo que espera

más que duró lo que vio,

pues que todo ha de pasar

por tal manera.

 Extracto de coplas a la muerte de su Padre de Jorge Manrique

 

Durante mucho tiempo se me han acercado personas particulares, esta vez me tocó acercarme a mi. El otro día iba caminando en una ciudad de México y vi a un señor sentado en su cueva afuera de una iglesia, tallando madera. No podía detenerme. Días después me encontré por el mismo rumbo y decidí encontrarlo de nuevo. Al principio no me hablaba y nos hacíamos señas, de pronto decidió hablarme y comenzamos a conversar sobre lo que hacía, tallaba santos de madera, aun que en ese momento estaba tallando un Niño Dios. Los santos son su maldición, me dijo, ya que dice que cuando ha tratado de hacer otras cosas no ha podido lograr cosas buenas. Su técnica es muy precisa, muy atinada, pienso en perfección cuando veo sus creaciones. Nació el 1 de junio en Chiapas, tiene 62 años, “compartimos Junio”, me dijo, ya que me preguntó mi cumpleaños. Me recomendó un poema que escuchó en la radio “Coplas a mi padre muerto”. Insistió mucho en que lo buscara, le dije que sí lo haría. 

Me dijo que yo tenía pelo como de dibujo de Leonardo Da Vinci, también hablamos sobre Durero, y otros artistas. Cuitláhuac trabajó en la construcción pero se retiró a los cuarenta años por que en eso no iba a trascender. Llegó a esta ciudad ya que sus hermanos lo trajeron para ir a trabajar en una casa que tenía un teatro, mismo donde trabajaba él y sus hermanos. No le gusta dibujar, la fotografía para él no es un arte, por que es mecánico. 

Vive cerca de su cueva donde se pone normalmente hasta las seis de la tarde, me preguntó que yo que hacía y le dije que dibujaba y hacía fotografías, fue cuando me dijo su opinión sobre la fotografía. Me pidió que le enseñara dibujos, y le presté mi libreta, veía lo que escribía y lo que dibujaba, “muy expresivos”, aun que no fueran académicos, decía, pues así era, me dijo que uno de los dibujos que hice era una escultura, coincidimos en que la gente que tiene que aparentar ser feliz es estúpida, le quise regalar un dibujo de mi libreta, no lo quiso, ya no acumula cosas. Hablamos de Dios, de la divinidad, dice que no es cierto nada, pero que cuando se es mayor, se empieza a tener miedo a morir, por lo tanto se empieza a creer en ello.

Le tomé una foto y en cuanto pasó eso, fue como si se metiera en su dimensión-cueva nuevamente, le dije que regresaría, que se acordara de mi, me dijo que no, que no se iba a acordar de mi por que la última vez le había dolido, dijo que una vez conoció una que le recordaba a mi, pero que había mucha diferencia de edad, que si me reconocería cuando regresara. Mi papá se llama igual que el señor, Cuitláhuac González.

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